YALLAH HOBBI Autor · Músico · Productor

🌍 SOCIEDAD

¿Por qué cada vez más personas se sienten solas a pesar de las redes sociales?

Autor: 15 min de lectura

Amistades, soledad, cercanía digital y la pregunta de por qué estar conectados de forma permanente no crea automáticamente un verdadero vínculo

Una joven está en la cama de noche, aburrida e infeliz, mirando su smartphone – imagen sobre la soledad pese a las redes sociales.

Actualizado: 29 de septiembre de 2026

Nunca había sido tan fácil contactar con alguien.

Un mensaje tarda segundos. Amigos, familiares y antiguos compañeros pueden seguir conectados aunque vivan en países distintos. Quien está solo en casa puede escribir al mismo tiempo en varios chats, ver vídeos, comentar, reaccionar y seguir lo que hacen otras personas.

Y, aun así, después de dos horas con el teléfono, una persona puede sentirse más sola que antes.

Esta contradicción no demuestra que las redes sociales vuelvan inevitablemente solas a las personas. La investigación es mucho más matizada. Pero sí muestra que contacto y conexión no son lo mismo.

Una persona puede tener cientos de contactos y no tener a nadie a quien llamaría de madrugada. Puede recibir mensajes a diario y seguir sintiéndose incomprendida. Puede ver constantemente cómo viven, celebran, viajan o mantienen relaciones los demás y acabar sintiendo que ella misma está fuera de esa vida.

Por eso, la verdadera pregunta no es: ¿Las redes sociales nos hacen sentir solos?

Sino: ¿Cuándo nos ayudan a cuidar nuestras relaciones y cuándo solo generan la sensación de estar conectados?

La soledad no es lo mismo que estar solo

La soledad se confunde a menudo con la falta de contactos.

La Organización Mundial de la Salud distingue claramente entre aislamiento social y soledad.

El aislamiento social describe una situación más objetiva: una persona tiene pocas relaciones, pocos roles o pocos contactos sociales regulares.

La soledad, en cambio, es subjetiva. Aparece cuando existe una brecha dolorosa entre las relaciones que una persona realmente tiene y las que desea o necesita.

Por eso alguien puede vivir solo y no sentirse solo.

Y alguien puede estar casado, hablar a diario con sus compañeros de trabajo, tener muchos amigos en redes sociales y sentirse igualmente solo.

Esta diferencia es fundamental cuando se habla de redes sociales. Las plataformas pueden aumentar el número de contactos sin mejorar automáticamente la calidad de las relaciones.

La soledad no es un fenómeno marginal

En 2025, la Comisión de la OMS sobre Conexión Social publicó su gran informe sobre soledad y aislamiento social.

Según los datos recopilados, aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad. Las cifras son especialmente elevadas entre adolescentes y adultos jóvenes. Entre los adolescentes, la OMS sitúa la proporción en alrededor del 21 por ciento.

Por tanto, la soledad no es un problema de un pequeño grupo social ni una cuestión exclusiva de la vejez.

Afecta a personas de distintos países, edades y situaciones vitales.

Sus causas son diversas: problemas de salud, rupturas, mudanzas, dificultades económicas, pérdida de seres queridos, poco apoyo social, discriminación o grandes cambios en la propia vida.

Por eso las redes sociales nunca pueden ser la única explicación.

Forman parte, más bien, de una sociedad en la que ha cambiado la forma en que las personas se comunican y mantienen sus relaciones.

Más contactos no significan automáticamente más cercanía

Uno de los grandes puntos fuertes de las redes sociales es su alcance.

Personas que antes, tras una mudanza o un cambio de colegio, habrían desaparecido casi por completo de la vida de los demás pueden seguir localizables durante años.

Las familias pueden mantener el contacto entre continentes. Los migrantes pueden hablar con familiares en su país de origen. Personas con enfermedades raras, intereses específicos o experiencias de exclusión social pueden encontrar comunidades que quizá no existan en su entorno inmediato.

Eso es conexión social real.

Pero las mismas plataformas también pueden generar otra forma de contacto: relaciones visibles, pero poco profundas.

Se conoce el nombre. Se ven las fotos. De vez en cuando se reacciona con un emoji. Quizá se sabe dónde está alguien de vacaciones o qué restaurante ha visitado.

Pero no se sabe cómo está realmente esa persona.

Las redes digitales permiten mantener simultáneamente una gran cantidad de relaciones de baja intensidad. Eso puede ser útil. Se vuelve problemático cuando esos contactos se entienden como sustitutos de relaciones en las que se desarrollan confianza, fiabilidad y apoyo mutuo.

Un “Me gusta” es una reacción social.

Pero no es automáticamente cercanía.

Por qué estar siempre disponible puede hacer menos visible la cercanía

Antes, el contacto era a menudo un acontecimiento.

Se llamaba por teléfono de manera consciente. Se visitaba a alguien. Se escribía una carta. Se quedaba en un lugar y a una hora.

Hoy la comunicación funciona muchas veces de manera permanente en segundo plano.

Un mensaje aquí. Una foto allí. Un audio al que se responde más tarde. Un vídeo corto. Un meme. Una reacción a una historia.

Esta comunicación no carece de valor. Al contrario: las pequeñas interacciones cotidianas pueden ayudar a mantener las relaciones.

Pero la comunicación permanente también puede crear una ilusión.

Como siempre está ocurriendo algo, puede parecer que estamos constantemente conectados con otras personas. Al mismo tiempo, pueden hacerse menos frecuentes las conversaciones en las que alguien escucha de verdad, pregunta o permanece más tiempo en un tema.

Puede haber mucha comunicación sin que haya necesariamente muchos encuentros reales.

El problema no es simplemente el tiempo de pantalla

La investigación establece una diferencia importante que a menudo se pierde en el debate público.

Sería demasiado simple decir:

Cuanto más tiempo pasa una persona en redes sociales, más sola se siente.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 examinó 59 estudios con más de 81.000 adolescentes y adultos jóvenes en total.

El resultado fue matizado.

El tiempo que las personas pasaban en redes sociales mostraba solo una pequeña asociación con la soledad.

La relación era claramente mayor en el caso del uso problemático de redes sociales, es decir, patrones de uso que se vuelven compulsivos, difíciles de controlar o que afectan a otras áreas de la vida.

Los autores encontraron una asociación moderada entre el uso problemático y una mayor soledad. En el caso de la simple duración de uso, la relación era considerablemente menor.

Es una diferencia importante.

Dos personas pueden pasar dos horas al día en plataformas sociales y vivir experiencias completamente distintas.

Una organiza encuentros reales, habla con amigos cercanos y mantiene el contacto con su familia.

La otra pasa dos horas desplazándose por contenidos, se compara con los demás y termina con la sensación de no pertenecer.

El reloj, por sí solo, no explica esa diferencia.

Las redes sociales no hacen que una persona se sienta sola de manera automática

Esto también debe decirse con claridad.

Una revisión científica publicada en 2025 concluye que, en conjunto, las redes sociales solo presentan una relación débil con la soledad y explican relativamente poco cuando se tienen en cuenta otros factores.

La investigación no demuestra la afirmación simple:

Las redes sociales causan soledad.

La relación puede funcionar en ambas direcciones.

Las personas que ya se sienten solas pueden utilizar más las redes sociales porque buscan contacto.

Al mismo tiempo, determinadas formas de uso pueden intensificar una soledad ya existente.

Otras formas de uso pueden favorecer la conexión.

Por tanto, la pregunta más interesante no es si las redes sociales son “buenas” o “malas”.

Lo decisivo es qué hace una persona en ellas, con quién interactúa y qué efecto tiene ese uso sobre su vida social real.

La diferencia entre observar y participar

Una red social puede parecer una gran sala llena de gente.

Pero no todo el mundo está en esa sala de la misma manera.

Algunas personas escriben, debaten, organizan encuentros y mantienen conversaciones.

Otras, sobre todo, observan.

Ven bodas, cumpleaños, viajes, ascensos, nuevas viviendas, restaurantes, grupos de amigos y momentos felices.

El problema no es que esas imágenes sean necesariamente falsas.

El problema es la selección.

Las personas rara vez muestran su vida cotidiana tal como es en conjunto. Suelen compartir momentos seleccionados.

Quien ve esos fragmentos uno tras otro puede acabar comparando su propia vida cotidiana con los mejores momentos de decenas de personas.

Una única foto de vacaciones es inofensiva.

Cien imágenes así pueden crear la impresión de que todos los demás están siempre viajando, teniendo éxito, enamorados, invitados a algún sitio o felices.

Al lado de eso, un fin de semana tranquilo puede parecer de repente una carencia personal.

Cuando la comparación se convierte en una medida social

Las personas siempre se han comparado.

Las redes sociales no inventaron ese mecanismo.

Pero le han dado una nueva velocidad y un nuevo alcance.

Antes, alguien podía compararse quizá con vecinos, compañeros o unos pocos amigos.

Hoy, en cuestión de minutos, la comparación puede incluir personas de distintos países, clases sociales y estilos de vida.

Además, las plataformas pueden dar una visibilidad especial a los contenidos más llamativos.

Viajes extraordinarios, cuerpos espectaculares, viviendas lujosas, éxitos inesperados o relaciones cargadas de emoción atraen atención.

El martes normal de una persona satisfecha es mucho menos visible.

Así surge una referencia distorsionada.

No necesariamente porque alguien quiera engañar de forma consciente, sino porque las redes sociales convierten muchas decisiones individuales sobre qué mostrar en un escenario compartido donde lo extraordinario está sobrerrepresentado.

Fear of Missing Out: la sensación de que la vida real está ocurriendo en otro lugar

Para este fenómeno se ha extendido el término Fear of Missing Out, abreviado FoMO.

Se refiere al miedo de que otras personas estén viviendo algo de lo que uno mismo queda fuera.

Una noche en casa puede ser perfectamente agradable.

Hasta que la pantalla muestra a amigos cenando juntos, celebrando algo o de viaje.

De repente cambia el significado de esa misma noche.

No porque haya cambiado algo de forma objetiva.

Sino porque se ha vuelto visible lo que está ocurriendo en otro lugar al mismo tiempo.

Las redes sociales han convertido una sensación antes más ocasional en una experiencia potencialmente permanente.

Ya no basta con enterarse después de que un evento tuvo lugar.

Se puede seguir casi en tiempo real.

Eso puede generar pertenencia cuando uno participa.

Y puede hacer muy visible la exclusión cuando no participa.

Muchas amistades son más fáciles de mantener, pero no se vuelven automáticamente más profundas

Las redes sociales resuelven un problema real de las vidas modernas.

Las personas se mudan. Cambian de trabajo. Estudian en otras ciudades. Las familias viven en distintos países. Los grupos de amigos se dispersan geográficamente.

La comunicación digital evita que toda separación física signifique automáticamente el final de una relación.

Es una ventaja enorme.

Pero las relaciones necesitan algo más que estar localizables.

La profundidad suele surgir de experiencias compartidas, confianza, fiabilidad, conflictos, reconciliaciones, encuentros repetidos y la sensación de que alguien estará disponible cuando realmente importe.

Una amistad puede mantenerse mediante mensajes.

Pero también puede transformarse poco a poco en un contacto en el que ambas personas siguen sabiendo qué publica la otra, pero apenas saben qué le preocupa o qué ocupa su vida de verdad.

La diferencia es sutil.

Y precisamente por eso puede pasar desapercibida durante mucho tiempo.

Por qué alguien puede sentirse excluido incluso dentro de un grupo

La soledad no significa necesariamente no tener a nadie.

A veces significa no sentirse visto dentro de relaciones que ya existen.

Los chats de grupo muestran este problema de manera especialmente clara.

Una persona puede formar parte de varios grupos, recibir mensajes a diario y, aun así, sentir que su presencia no cambia nada.

Lee.

Reacciona.

Pero si pasa varios días sin escribir, quizá nadie pregunte por ella.

El sentimiento de pertenencia no surge simplemente por formar parte técnicamente de un grupo.

Las personas quieren sentir que su presencia se nota.

Que alguien las echa de menos.

Que una relación no existe solo porque una plataforma la ha guardado en una lista de contactos.

Los jóvenes están especialmente afectados, pero no son los únicos

Los datos de la OMS muestran niveles especialmente altos de soledad entre los jóvenes.

A primera vista puede parecer paradójico.

Precisamente los adolescentes y adultos jóvenes suelen estar muy conectados digitalmente.

Pero esta etapa de la vida también contiene muchas transiciones sociales.

Cambios de colegio, universidad, primeros empleos, mudanzas, relaciones, rupturas y la búsqueda de la propia identidad pueden modificar las estructuras sociales existentes.

Las redes sociales atraviesan todos estos cambios.

Pueden aportar estabilidad porque los antiguos contactos siguen accesibles.

Pero también pueden intensificar cada comparación social.

Los adultos viven otras formas de soledad: presión laboral, responsabilidades familiares, separaciones, mudanzas o la desaparición gradual de amistades cercanas de la vida cotidiana.

Para las personas mayores, en cambio, la comunicación digital puede ser especialmente valiosa cuando la movilidad es limitada o la familia vive lejos.

Aquí tampoco la investigación es uniformemente negativa. Los metaanálisis con adultos mayores estudian expresamente en qué circunstancias las redes sociales pueden reducir la soledad.

Por tanto, no existe un único efecto de las redes sociales.

Existen personas distintas, en situaciones distintas, que las utilizan de maneras distintas.

Cuando el feed sustituye la sensación de conocer realmente a alguien

Las redes sociales ofrecen información sobre otras personas.

Pero la información no es automáticamente una relación.

Quien ve a diario las publicaciones de un antiguo amigo puede sentir que sigue participando en su vida.

Quizá sabe adónde ha viajado, qué ha comido y con quién ha pasado el tiempo.

Pero al verse en persona después de dos años puede descubrir lo poco que sabe sobre las cosas importantes.

¿Cómo está realmente?

¿Qué le preocupa?

¿Qué ha cambiado?

¿Qué le quita el sueño?

Un feed puede simular familiaridad.

La cercanía suele necesitar algo más.

Los algoritmos no son toda la explicación

Sería tentador culpar por completo a los algoritmos.

Eso también sería demasiado simple.

Las plataformas sí influyen en qué contenidos se vuelven visibles. Los sistemas optimizan los feeds según señales como la atención, la interacción o el interés supuesto.

Eso influye en lo que las personas ven.

Pero la soledad no surge únicamente de un algoritmo de recomendación.

Tiene causas personales, sociales, económicas y colectivas.

Una persona puede sentirse sola porque se ha mudado.

Porque una relación terminó.

Porque sus amigos tuvieron hijos y disponen de menos tiempo.

Porque el trabajo domina la vida cotidiana.

Porque una enfermedad dificulta los encuentros.

Porque no se siente aceptada en su entorno.

La tecnología puede agravar o amortiguar esas situaciones.

Pero no sustituye toda la explicación.

Por qué las redes sociales pueden seguir siendo valiosas para las personas solas

Precisamente las personas que se sienten aisladas pueden encontrar en internet algo que les falta fuera de él.

Una comunidad.

Otras personas con experiencias parecidas.

Información.

Alguien con quien hablar.

Para minorías, personas con enfermedades raras, migrantes, personas con discapacidad o quienes viven en zonas aisladas, los espacios digitales pueden tener una importancia que desde fuera es fácil subestimar.

Las personas introvertidas o con inseguridad social también pueden encontrar más fácil iniciar contactos en línea.

La pregunta decisiva es si esos contactos crean conexión a largo plazo o simplemente cubren durante un rato una sensación de vacío.

Una amistad digital puede ser una amistad real.

Una relación no necesita producirse en la misma habitación para ser significativa.

Pero las relaciones digitales también necesitan reciprocidad, confianza y atención.

Qué cambia cuando el uso se vuelve problemático

El uso problemático de redes sociales no significa simplemente “estar mucho tiempo conectado”.

El uso se vuelve más problemático cuando resulta difícil de controlar y empieza a desplazar otras áreas de la vida.

Cuando alguien quiere dormir, pero sigue desplazándose por la pantalla.

Cuando quedar con alguien parece menos interesante que el feed.

Cuando el estado de ánimo depende cada vez más de cuántas reacciones recibe una publicación.

Cuando las redes sociales dejan de ser principalmente una herramienta o entretenimiento y se convierten en una respuesta automática al aburrimiento, el estrés o la soledad.

Puede aparecer un círculo.

Una persona se siente mal y abre una plataforma buscando distracción o conexión.

Durante un momento funciona.

Después puede sentirse igual de sola, o incluso peor por las comparaciones.

Así que vuelve a abrir la plataforma.

Precisamente por eso la relación entre uso problemático y soledad aparece en la investigación con mucha más fuerza que la relación con la simple duración de uso.

En qué consiste una conexión auténtica

La OMS no describe la conexión social solo por el número de relaciones.

También considera su función y su calidad.

Es una medida útil.

Una relación no es valiosa únicamente porque exista.

También importa:

¿Puedo confiar en esta persona?

¿Puedo recibir ayuda?

¿Puedo ofrecer apoyo yo también?

¿Me siento respetado?

¿Puedo ser sincero?

¿Puedo estar en silencio sin tener que representar constantemente una imagen de mí mismo?

Estas preguntas no se pueden traducir en cifras de seguidores.

Una persona con tres relaciones sólidas puede estar socialmente más conectada que alguien con tres mil contactos.

Por qué la soledad es relevante para toda la sociedad

La soledad suele tratarse como un sentimiento privado.

Pero sus consecuencias van más allá.

La OMS señala que el aislamiento social y la soledad están asociados no solo con el malestar psicológico, sino también con la salud física y una mayor mortalidad.

Por eso el informe de la Comisión de la OMS describe expresamente la conexión social como una cuestión importante de salud pública y sociedad.

Eso no significa que cada fin de semana solitario deba medicalizarse.

La soledad temporal forma parte de la vida humana.

Se vuelve problemática cuando se mantiene en el tiempo y las personas apenas ven maneras de construir o conservar relaciones estables.

Entonces afecta no solo a la satisfacción individual, sino también a la educación, el trabajo, la salud y la cohesión social.

Qué puede ayudar frente a la soledad digital

La respuesta más obvia sería: dejar el teléfono.

No es tan sencillo.

Para algunas personas, menos redes sociales sería útil.

Para otras, supondría cortar contactos importantes.

Es más útil preguntar:

¿Qué tipo de uso me deja después más conectado y cuál solo me deja con más vacío?

Algunas diferencias prácticas son importantes.

Una conversación personal no es lo mismo que desplazarse sin fin por contenidos.

Un mensaje dirigido a una persona concreta no es lo mismo que observar la vida de cien desconocidos.

Un encuentro acordado por internet puede convertir las redes sociales en el punto de partida de una reunión real.

Un chat de grupo puede ofrecer apoyo cuando las personas están realmente presentes unas para otras.

Por tanto, se trata menos de una abstinencia digital general y más de la calidad del uso.

Cinco preguntas que dicen más que el tiempo de pantalla

Quien quiera saber si las redes sociales benefician su vida social puede hacerse preguntas distintas a la simple: “¿Cuántas horas he estado conectado hoy?”

1. ¿Estoy hablando con personas o principalmente observando a los demás?

2. ¿Me siento más conectado después de usarlas o peor que antes?

3. ¿Mis contactos digitales me ayudan a mantener relaciones o sustituyen encuentros que en realidad echo de menos?

4. ¿Hay personas a las que puedo decir sinceramente que no estoy bien?

5. ¿Alguien se daría cuenta si me retirara por completo durante unos días?

Estas preguntas no miden una salud social perfecta.

Pero se acercan más al significado real de la conexión que el número de seguidores o los minutos de pantalla.

Estar conectado no es lo mismo que sentirse conectado

Las redes sociales no han eliminado las relaciones.

Las han cambiado.

Permiten cercanía a distancia, mantienen contactos, crean comunidades y dan acceso a espacios sociales que apenas existirían sin la tecnología digital.

Al mismo tiempo, pueden generar una forma de cercanía basada principalmente en la visibilidad.

Nos vemos.

Nos seguimos.

Reaccionamos unos a otros.

Y, aun así, a veces falta la sensación de importar de verdad.

Por eso la investigación desaconseja las acusaciones simples.

No todo uso intensivo provoca soledad. No toda relación digital es superficial. Y usar menos las redes sociales no conduce automáticamente a mejores amistades.

Pero hay algo que sigue siendo cierto con independencia de la plataforma:

Las personas no necesitan solo contacto. Necesitan relaciones en las que se sientan vistas, comprendidas y necesarias.

Una pantalla puede ayudar.

Pero no puede garantizarlo.

Fuentes y lecturas complementarias

  1. World Health Organization – Report of the WHO Commission on Social Connection (2025): “From loneliness to social connection: charting a path to healthier societies.”
  2. World Health Organization – Social connection: Questions and answers (30 June 2025).
  3. Feng H-P et al. – Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology (2026): “Exploring the relationship between social media use and loneliness in adolescents and young adults: a systematic review and meta-analysis.”
  4. Hall JA – Annals of the New York Academy of Sciences (2025): “Loneliness and social media.”
  5. Social media in the adult population – Computers in Human Behavior Reports (2025): systematic review on social-media use, well-being, self-esteem, anxiety, depression and loneliness.
  6. Jin J, Kim HK – Journal of Health Psychology (2025): meta-analysis on social-media use and loneliness among older adults.